Adopción
Por dónde empezar a usar IA en una empresa que ya opera
Empezá por el cuello de botella que ya te duele y que podés medir. La mayoría de los pilotos mueren por arrancar al revés: eligiendo la herramienta primero.
Empezá por el cuello de botella que ya te duele, que ya medís y que hoy depende de una sola persona. No por la herramienta. Esa inversión del orden es la diferencia entre un sistema que a los seis meses sigue funcionando y un piloto del que nadie se vuelve a acordar.
Por cuello de botella entendemos algo concreto: el paso del proceso donde se acumula el trabajo, se demoran las decisiones o se pierde plata. No "mejorar la eficiencia", sino "decidir qué comprar nos lleva doce horas por mes y lo hace una sola persona".
Por qué los pilotos no llegan a producción
Un piloto es una prueba acotada que se hace fuera de la operación real. Casi siempre arranca desde la tecnología: alguien vio una demo, se entusiasmó y buscó dónde aplicarla. El problema no es la herramienta, es la dirección: cuando la solución llega antes que el problema, el equipo tiene que inventar un uso, y un uso inventado no sobrevive al primer mes ocupado.
El otro motivo es que nadie definió contra qué número se compara. Sin eso, la discusión sobre si sirvió o no se vuelve una cuestión de opinión, y la opinión de quien firma suele ser la que gana.
Si no sabés contra qué número vas a medirlo, todavía no estás listo para empezar.
El orden que sí aguanta
Cuatro pasos, y ninguno es opcional.
- Entender el negocio y sus números antes de proponer nada. Qué se mueve, quién decide y con qué información.
- Diseñar la solución más simple que resuelve ese cuello de botella. Ni una función de más: cada una que agregás es una que hay que mantener.
- Implementar acompañando al equipo hasta que el sistema esté en uso real, no hasta que esté entregado. Son dos momentos distintos y suele haber semanas entre uno y otro.
- Medir contra el número que definiste al principio. Si no se movió, no sirvió.
Una regla que conviene no negociar
El sistema hace el trabajo, la persona decide. Un agente que propone y explica su razonamiento se adopta; uno que ejecuta solo genera desconfianza el día que se equivoca, y se equivoca alguna vez.
En SKUM, nuestro agente de reposición, la orden de compra no se envía sin aprobación humana. Esa restricción no le quita valor: es lo que hace que el equipo lo use. En GoldSky, un importador y distribuidor gastronómico, el sistema llegó al 95% de efectividad en las órdenes que genera y le devolvió al equipo 12 horas por mes, porque las personas dejaron de calcular y pasaron a revisar.
Qué medir desde el primer día
Elegí un número que ya exista y que alguien mire hoy. Horas por mes en una tarea, días de demora entre dos pasos, cantidad de errores que llegan al cliente, quiebres de stock por trimestre.
El requisito no es que sea sofisticado: es que se pueda leer hoy y dentro de tres meses de la misma forma. Un número que se inventa para el proyecto no sirve, porque nadie tiene con qué compararlo.